EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Steve Jobs dijo en una ocasión que limitaba el uso de la tecnología por parte de sus hijos en casa.

Chris Anderson, el antiguo editor de la revista Wired, dijo que ha visto los peligros de la tecnología de primera mano y que no quiere ver qué les pasará a sus hijos.

Entonces, la tecnología, como son los teléfonos inteligentes o internet, ¿está mermando la creatividad?

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Dilema

Si confrontamos la creatividad con la tecnología, y aplicamos los dichos de Steve Jobs y de Chris Anderson, podemos decir que aunque la creatividad tenga como uno de los motores a la tecnología, no quiere decir que si aplicamos su limitación dejemos ser ser creativos. En sentido contrario, por más tecnología que apliquemos en el camino eso no significará directamente que seamos más creativos.

La creatividad está por encima de la tecnología y, aunque su avance sea exponencial, debemos usar dicho avance a favor de la generación de ideas.

Podemos incluso distinguir dos grandes áreas sobre las que está asentada la economía, cada una en función de la apuesta que haga en cada una de ellas y siempre la segunda en un porcentaje muy reducido actualmente: el área industrial, donde encontramos la mayor parte de las empresas productivas, y el área de investigación, que con uso de la tecnología logra muchos avances para la humanidad.
Veamos algunos ejemplos en el área industrial

Amancio Ortega, fundador del imperio Inditex y de la marca Zara, pasó de vender camisas a ser unos de los empresarios más exitosos y ricos del mundo. ¿Lo hizo con la tecnología? No precisamente. Amancio Ortega es un innovador nato, que se cuestionó el cómo y el porqué se hacían las cosas de un determinado modo dentro de la industria de la moda, y las cambió. Puso en el mercado unas nuevas reglas de juego donde pasamos del “pret a porter” con dos diseños anuales, publicidad, plazos de un año y fabricaciones a 15.000 km, a tener colecciones y diseños cada quince días en las tiendas desde puntos de fabricación cercanos y con jóvenes diseñadores. Y todo ello sin publicidad. ¿Qué tecnología usó? Simplemente una PDA de aquellos tiempos, donde sus empleados apuntaban lo que la gente decía o quería, de tal manera que siempre sabía las preferencias de los clientes. Lo podemos llamar un Small Data. Obviamente hoy en día ya se usa tecnología como el Big Data y el Business Intelligence como complemento a es small data, pero el origen fue así.

Starbucks, cuyo nombre proviene del primer oficial del Pequod, el barco ballenero de Moby Dick, revolucionó el modo de relación social alrededor del café en USA, pasando del  “to take away” al “to stay here” y que la gente se sintiera como en casa en esos sofás, con wifi y mesas redondas que te dicen que no estás sólo. Esas meses redondas fueron el inicio de una de las claves de Starbucks, que estaban en contraposición con las cuadradas que te transmitían soledad si el resto de los lados estaban desocupados. La idea la trajeron de los café italianos y la implantaron en Seattle. La única tecnología que aplicaron fue la observación de lo que se hacía en otras culturas.

Ambas empresas son ejemplos de éxito de innovación y creatividad, facturando miles de millones y con rentabilidad muy alta. Pero hay una diferencia muy clara entre ellas: Zara innova continuamente para reducir costos y precios, mientras que Starbucks lo hace para ofrecer experiencias nuevas después del trabajo o alternativas a tu casa, permitiéndose el lujo de cobrar el doble por un café que en un bar normal.
Veamos algunos ejemplos en el área de investigación

Organovo es una empresa dedicada a la fabricación de órganos humanos con tecnología de impresión 3D a partir de células humanas. Muy pronto veremos que dichos órganos serán capaces de reemplazar a órganos de personas enfermas de una manera natural.

Mediante la tecnología 3D, no sólo se lograrán fabricar productos órgánicos como tejidos, sino también toda clase de productos físicos y  materiales, revolucionando los centros de producción.

Conclusiones

Al ocupar mayor espacio todavía las empresas tradicionales, la mayor parte del porcentaje de la creación de ideas y de la innovación nace de ellas con apoyos puntuales de la tecnología, aunque después se nutren de ella para seguir creciendo.

El día de mañana, en aquellas economías que apuesten por la investigación, el porcentaje de ideas que se generan apoyadas en la tecnología aumentará.

Por tanto, el dilema entre creatividad y tecnología no es un dilema como tal, sino una cuestión de equilibrio.

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